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SALIDA A JARAIZ DE LA VERA, CACERES
El mes de agosto, decidimos darles unas buenas vacaciones a nuestros perretes - y ¡a nosotros mismos también!) y nos fuimos unos días a una casa rural de Cáceres.
Llegamos justo a tiempo para disfrutar de la comida bajo un sol que nos calentaba lo justo, sin quemarnos, y luego, ¿cómo no? echamos una siesta bien merecida. Desgraciadamente nos despertó el ruido del aguacero que caía afuera. Resultó que no íbamos a dar ese paseo bien largo que habíamos pensado. :(
Sin embargo, nuestra suerte cambió más tarde y pudimos coger las correas y sacar a los perros como les habíamos prometido. Recorrimos un camino siempre bajo la amenaza de otra tormenta hasta encontrarnos con otra especie. Paseamos un largo rato corriendo y jugando con los perros cuando llegamos a una escuela hípica donde los caballos estaban fuera, socalizándose, comiendo y tomándose la vida con tranquilidad. Qué alegría poder estar tan cerca de esos animales tan nobles y hermosos y mejor aún ver a nuestros perros acercarse a ellos para ver qué era ese ¡"perro tan grande"!
Al día siguiente, tomamos otro camino para investigar más y darles a los perros la oportunidad de descubrir más cosas y ¿qué descubrimos? ¡Un arroyo! Los perros estaban encantados de estar en el agua persiguiendo palos que flotaban con la corriente y mojándose unos a otros. Subimos por el monte donde corrieron más y tuvimos otro encuentro pero esa vez con vacas y ¡a una prudente distancia!
Al final volvimos todos a casa reventados pero también descansados. Definitivamente valió la pena porque todos disfrutamos de la naturaleza, la libertad y la compañía. ¡A repetirse!
Llegamos justo a tiempo para disfrutar de la comida bajo un sol que nos calentaba lo justo, sin quemarnos, y luego, ¿cómo no? echamos una siesta bien merecida. Desgraciadamente nos despertó el ruido del aguacero que caía afuera. Resultó que no íbamos a dar ese paseo bien largo que habíamos pensado. :(
Sin embargo, nuestra suerte cambió más tarde y pudimos coger las correas y sacar a los perros como les habíamos prometido. Recorrimos un camino siempre bajo la amenaza de otra tormenta hasta encontrarnos con otra especie. Paseamos un largo rato corriendo y jugando con los perros cuando llegamos a una escuela hípica donde los caballos estaban fuera, socalizándose, comiendo y tomándose la vida con tranquilidad. Qué alegría poder estar tan cerca de esos animales tan nobles y hermosos y mejor aún ver a nuestros perros acercarse a ellos para ver qué era ese ¡"perro tan grande"!
Al día siguiente, tomamos otro camino para investigar más y darles a los perros la oportunidad de descubrir más cosas y ¿qué descubrimos? ¡Un arroyo! Los perros estaban encantados de estar en el agua persiguiendo palos que flotaban con la corriente y mojándose unos a otros. Subimos por el monte donde corrieron más y tuvimos otro encuentro pero esa vez con vacas y ¡a una prudente distancia!
Al final volvimos todos a casa reventados pero también descansados. Definitivamente valió la pena porque todos disfrutamos de la naturaleza, la libertad y la compañía. ¡A repetirse!
